el imposible mapa de una ciudad inexistente, pequeños pedazos de ruinas que la memoria rescata, un escenario de silencio imponente y de vacío y de miedo y de fascinación perpetua, el lugar oculto tras la trasparencia oscura de la noche, sugerido por ella, donde desembocan las canciones de Radiohead y lloran las sirenas, porque no tienen piernas y porque dicen que se sienten solas cuando el agua oscurece y todo parece haberse roto, cuando parece que no hay salida, toda la ciudad arrasada por una ola nihilista y decadente; ciudad por la que pasea, solitario, un borracho triste, otro más, terco caminante de nostalgias a medianoche, terco insomne, coleccionista de recueros inútiles, tal vez se siente exiliado por el mero hecho de crecer, quién sabe; terco boxeador de nariz rota y ojos negros como dos agujeros negros y cuyo canto desesperado estremece, porque, como dice Paul Auster en alguno de sus libros, sólo la belleza del mundo nos salva del cinismo, o algo así; canto confuso en el que se entremezclan los espejos monstruosos de la noche y una esperanza de cristal a punto de romperse, y el miedo y la belleza amarga o terrible y la serenidad del mar o la monotonía de la nieve, canto inútil y necesario, empeñado en trazar el mapa de lo que no existe, canto que es un diálogo desesperado con no se sabe quién, el canto del poeta que se lanza por el precipicio con los ojos muy abiertos y los dientes muy apretados.
Posted by SeñorS at Julio 4, 2005 11:57 PM