ella sacaba la lengua, y sonreía
con esa sonrisa triste
que evoca mil caminos perdidos
y el fulgor fantasmal
de una ciudad derrumbándose
(su belleza siniestra, tal vez el relato de un sueño
que huye, que se diluye. puede que también
hubiera lágrimas, o lluvia cayendo en silencio, quién sabe)
tal vez sus pies desnudos
sobrevolaban charcos
bajo un cielo eléctrico
explorando los cuadernos olvidados apareció este poema,
o lo que sea, que no recuerdo haber escrito,
tal vez lo escribió un hombre mientras moría,
lentamente, bajo un atardecer color rosa eléctrico,
bajo nubes en llamas,
pensando que los charcos a veces ocultan peces fantásticos
y otras sirenas de mentira,
otros animales cuyos ojos fosforitos
espían desde el otro lado de lo real