Febrero 06, 2005

la escritura es juego, instrucciones para salir del laberinto y un absurdo relato del absurdo

la escritura es juego

El advenimiento de la escritura es el advenimiento del juego
Derrida, ese francés que murió hace poco y al que, todo hay que decirlo, a veces no le entiende ni su padre, pero, por otra parte, no hay razones que justifiquen el que su padre tuviera que entenderlo.

instrucciones para salir del laberinto (el laberinto lo inventó Borges, como es sabido)

antes de Borges no existían laberintos y luego nos perdimos en uno muy grande y todo el mundo sabe que de los laberintos se sale por arriba pero para eso necesitamos alas.

y un absurdo relato del absurdo

el cuarto estaba mal iluminado, por lo que no pude ver bien los rostros de aquella extraña reunión. me habían sacado de la cama a golpes, gritándome, y allí estaba, desconcertado, asustado, con cara de imbécil, esperando. al fondo de aquel cuarto oscuro, un hombre prendió un cigarrillo y, tras un breve silencio, dijo: Señor S., está usted completamente equivocado, terriblemente equivocado, increíblemente equivocado, y desapareció por una puerta, envuelto en una nube de humo.
los demás se quedaron mirándome fijamente, sus ojos brillaban en la penumbra. tuve la sensación de ser culpable de algo, pero no sabía de qué. les pregunté, les grité, que con qué derecho, que quienes eran ellos, que qué se creían... pero ninguno contestaba, se limitaban a sonreír. una chica soltó una risa especialmente molesta, cruzó las piernas y me dijo: de verdad que es usted tonto, Señor S.
de acuerdo, me dije, esto es un sueño, seguro, o un relato de Kafka o algo así, pero la chica vio lo que pensaba y dijo: no es un sueño, imbécil, ahora tenemos que irnos, coja su paraguas y sígame. la seguí. estábamos en un barco, creo, pero no nos movíamos. afuera llovía, una lluvia lenta, esa lluvia que parece que nunca dejará de caer, en algún mar perdido. no tengo paraguas, dije, casi inaudiblemente, con los ojos clavados en el suelo. la chica hizo una mueca de fastidio y dijo: ven a mi lado, idiota, y me refugié de la lluvia al lado de su cuerpo mojado. salimos del barco y caminamos muy deprisa por una ciudad gris. supuse que se trataba de Londres, porque vi una de esas cabinas rojas, pero no estaba seguro. ahora, Señor S., tendrá que ir usted solo. sí, pero ¿adónde? ¿por qué? vamos, no se haga el tonto y váyase de una vez, le están esperando y no podemos perder más tiempo. de acuerdo, dije, y me quedé solo, bajo la lluvia, sin saber qué hacer.

Posted by SeñorS at Febrero 6, 2005 09:39 PM