ya siempre este silencio de ventana empañada,
estos pasos lentos que suenan como chispas de una hoguera ausente,
me acompañarán -iremos al mar que suena lejos-
al azar caeremos en la noche -caballos iguales a velas en la oscuridad-
ya siempre habitaremos el silencio de fantasmas, las noches frías
ya nunca tendremos miedo, ni siquiera de los espejos monstruosos
-suena un mar, oceáno de mil botellas sin mensaje-
caeremos al fondo con una sonrisa
en una ciudad extraña -siempre llueve sin llover en esa ciudad extraña-
y es de noche, como ahora
como siempre, más allá de la noche, y llueve
caeremos -caballos furiosos, tristes- en tus ojos
que son un laberinto, o en tu pelo
que sabe a mar y huele a abismo.
caeremos y también la lluvia cae y cae la noche,
todo lo hermosos cae, siempre
ya nunca saldremos del laberinto, de los silencios,
del estremecimiento ante la ventana,
de ser marineros perdidos en la niebla,
de todo eso no se sale.
(y los poemas también caen, en la noche, en ciudades extrañas, y no es fácil saber al final de que verso hay que morir
ahora recuerdo aquel verso nadie, ni siquiera la lluvia, tiene unas manos tan pequeñas y si te fijas te darás cuenta de que es casi un verso perfecto para morir, diminuto y precioso, suena a lluvia y al fondo puede verse una sonrisa triste que cae en una calle vacía, sí. ¿de quién era ese verso?¿de E. E. Cummings? yo lo sé por Hannah y sus hermanas, la película de Woody Allen. en cualquier caso suena a lluvia contra la ventana...)