supongo que toca decir algo de la navidad. el tópico de que son unas fiestas consumistas es cierto, claro, pero toda la sociedad del capitalismo tardío es consumista (en sentido patológico). así pues, cristianismo y consumismo se enlazan en estas fechas tan señaladas, lo que debería producirme un espanto y un asco de proporciones bíblicas, pero estoy más o menos contento por tener vacaciones y además voy a redactar una lista de libros para que me los regale mi madrina para reyes. contradicciones de un posmodernista que es además un anarquista izquierdista. lo que sí me espanta es la cena de mañana. preferiría cenar una pizza congelada y despúes ver la tele, o leer problemas de legitimación en el capitalismo tardío, de Habermas, o la ética protestante y el espíritu del capitalismo , de Max Weber, o ver la guerra de las galaxias, o escribir un cuento en el que un estudiante de filosofía que es además un asesino tímido y psicótico mata a Papá Noel a base de disertaciones sobre la ontología heideggeriana y preguntándole que qué opina él de la relación entre el lenguaje y el mundo. cualquier cosa con tal de no tener que soportar un montón de irritantes convencionalismos: qué tal las clases, qué tal por Salamanca, qué delgado estás, etc.
bien, bien, sí, a ver si despúes de la cena logro superar la barrera de los sesenta kilos (algún día pesaré más de sesenta kilos, a dios pongo por testigo).
pero si eres ateo
hay gente que es cosas peores, tunos y cosas del estilo.
en cualquier caso, feliz navidad y esas cosas a todos. :p
ahora me refugio en mi ordenador. cuánto tiempo separados. cuánto tiempo fuera del ciberespacio. despúes de dos fines de semanas bastante delirantes empapados en cerveza y calimocho, con insultos a tunos, extrañas conversaciones con dos estudiantes alemanas que querían entrevistarnos para no sé qué sobre la navidad, salto de valla de regreso a casa (en torno a las ocho de la mañana de un viernes pudo verse a tres sujetos que en lugar de rodear las vallas de la zona en obras del centro hacían extraños malabarismos encaramados a dichas inestables vallas y caían grácilmente en la plaza mayor) y algunas cosas más que no sé si recuerdo o las vi en sueños, como yo tocando con los Pixies en el Pan y Agua (el mejor bar de Salamanca y probablemente del mundo) bueno, eso de tocar con los Pixies puede que lo soñara. ah, se me olvidaba, cuando estábamos sentados en la plaza San Justo, un tipo bastante ebrio nos regaló, sin venir a cuento, un salchichón ibérico, o chorizo blanco, como decía él. estaba muy bueno.
P.D: la noche salmantina es perpetua fuente de perplejidades y desvaríos varios. así es muy difícil estudiar.