bueno, como al parecer me ha entrado un ansia implacable por teclear palabras, os sigo dando el coñazo, mientras mis oídos se estremecen: suena schism, de Tool.
pero no sé hacer que las palabras digan lo que quiero decir y a cada rato temo que las representaciones de invisibles lectores y las mías estén demasiado alejadas. pero, en fin, creo que es un problema inherente a la poesía, cuyo sentido no está en hacer referencia a un objeto. la palabra árbol en un poema no significa un árbol sin más. por eso las palabras dicen lo que dicen y además más, y otra cosa (Alejandra Pizarnik) es esa otra cosa perturbadora lo que persigue, incansable, el poema, que nunca se termina, sino que se abandona, como dijo no sé quién. es la verdadera vida ausente
de Rimbaud, que el lenguaje debe desenterrar. si un verso, o una canción, logra convulsionar un ser, estremecerlo, habrá merecido la pena: ya nunca olvidará ese frío, ese delirio desenfrenado que atravesó su ser.