¿qué estrella cae sin que nadie la mire?
Faulkner
siempre quise ser un caminante sin rumbo, con los dientes rotos, con los destinos rotos. por imitar a Bukowski termine mal más de una vez. ahora camino, las calles mojadas. acaba de llover. voy pisando charcos, aterido por el frío, con los ojos entrecerrados por el viento. si levanto los ojos del suelo hay una tristeza temblorosa en las ramas agitadas de los árboles. una tristeza con forma de refugio contra el miedo, un miedo silencioso que va reptando por las calles.
llego a casa. pongo música. fumo en silencio, en soledad. siempre estoy luchando contra el tedio, pero muchas veces me aburro: no sé qué hacer, no sé qué hay que hacer. imagino una playa nocturna. miro al mar y le digo a alguien: morir ahora sería tan dulce
quise ser el chico tímido que espía tus sueños, beberte los ojos, tan acuáticos; morderte esas nubes negras, tus pestañas. tengo la llave que abre tus párpados, alicia, tengo la llave. delirar y soñar serán armas inversas de la creación perpetua y salvaje. el tedio ya nunca nos agarrara la garganta. danzaremos sobre la nada, tan contentos: el mundo es absurdo, pero no nos importa. nos inventaremos cada atardecer: sobre el naranja desmayado del cielo seremos naves que sobrevuelan el abismo. atracaremos todas las gasolineras, todos los jardines prohibidos, porque dos destinos rotos pueden juntarse e inventar un universo. si quieres puedes pintar estrellas en la noche, pero ten cuidado: que ninguna se caiga sin que nadie la mire.
ahora estoy aquí, en mi habitación, hablando solo, y es de noche y tú ni siquiera existes. casi toco tus manos frías, pero no: los peces que nadan en las noches azules son inalcanzables. mira mis alas caídas, rotas sobre los charcos. yo trepo hasta el tejado y miro el desfile extraño de las farolas, burbujas inquietas en la boca de la noche. y organizo un baile de disfraces en el tejado y te echo de menos, aunque no existas; sobre todo si no existes. acabo borracho y triste, y sin saber quién soy: demasiadas máscaras. triste y borracho bailo por los tejados.
bebo el último trago con gatos solitarios que vagan por los tejados. bebemos en silencio. miramos cómo cae una estrella a lo lejos. otra noche azul, digo. nos la bebemos despacio, callados, soñadores tristes sin remedio. no sé si alguien más ha visto caer la estrella.
demasiado delgado. y fumo mucho y como poco y bebo mucho y duermo poco. no le pregunto ya nada a la noche, porque ella tampoco tiene respuestas. hay fragmentos de una belleza extraña: farolas eléctricas, río de luz que atraviesa la noche, tu sonrisa triste, tan lejana, danzas de susurros, luciérnagas revoloteando entre las cavernas de un ser inquieto, que vaga sin sentido por los tejados de esta ciudad de mentira, ebrio. este tejado agitado por los vientos, este baile de silencios.
mi frágil cuerpo abandonado a los designios caprichosos del viento, que juega conmigo a que no vamos a ninguna parte; y no vamos a ninguna parte. es esta urgencia de buscar, de encontrar sentido, la que me obliga a recorrer El País de la Noche, como una Alicia perdida, que cae y cae, sin que nadie la vea. es algo parecido a ser un pájaro en una jaula invisible. mi soledad debería tener alas
los pájaros, sin embargo, me dicen que tampoco ellos tienen una respuesta a la nada.
me enredo en noches azules. suena Radiohead, y el roce frío de las sombras.
Alicia en el bosque. Alicia pregunta, los vientos responden. Alicia toma mermelada prohibida de frutas del bosque. Alicia cae yo caigo. abismo, dulce pavor. nunca he dejado de caer, sin hacer ruido, sin que nadie me mire. a veces caigo en tus sueños: tengo la llave que abre tus párpados.
Posted by SeñorS at Noviembre 11, 2004 11:13 PM