éste es mi post número 100. qué nervios. una observación: he observado que cuando no escribo más gente visita este blog, así que si dejo de escribir durante dos o tres años me haré el amo de la blogosfera, el rey del silencio. todo el mundo entrará y admirará mi originalidad: un tipo con un blog que no escribe nada, vayamos a verlo, será un tipo de lo más raro, un artista conceptual, la hostia.
empecé el blog para conquistar el universo, pero eso no ha sucedido. ¡quién iba a pensar que conquistar el universo era tan difícil!
bien, tras esta introito informativa, vayamos con el verdadero post número 100; no se hará un recopilatorio ni un recordatorio, no, por dios.
hablaremos del doble valor semántico en la teoría de Frege y sobre si el refrente de una proposición reside realmente en el valor de verdad y no en el objeto referencial como sucede en los términos singulares... no, no, era broma, no se vayan. En cualquier caso, el sentido determina la referencia y no al revés.
algunos poemas que escribí sin pensar
Llueve y
Mis ojos lentos no verán más la lluvia
Como una coraza protectora,
Como una mejilla
Junto a la mía
En la oscuridad.
La oscuridad
Que esconde monstruos horribles,
Ansiosas preguntas sin respuesta,
Sin respiración posible;
Mis ojos cansados no verán más la luz,
La juventud eterna del sol Hiperión
Ya nunca envolverá mis ojos,
Mis ojos ya siempre presos de tormentas,
Agitaciones incontrolables
Que juegan con mi ser;
Se divierten haciendo de mi pobre ser gastado
Una comedia grotesca,
Y yo tengo miedo
Y busco el brillo de tus ojos en la oscuridad
Como un gusiluz mágico,
Protector;
La infancia, un lago tranquilo en el que me baño,
Recuerdo cómo era todo
Antes de que todo se rompiera
Y me condenaran a buscar los pedazos
Y a juntarlos de nuevo
Para tener una vida, un algo para caminar,
Porque si no me arrastro y desfallezco y me mareo
Y me caigo en los charcos de las calles
Y me llaman decadente y frágil y poeta de mierda
Que no soporta la vida real
Y se refugia entre fantasmas
Y ensueños peligrosos
Y yo sé que no sé relacionarme
Ni con la gente ni con el mundo ni conmigo;
Llueve, llueve, llueve
Tras el cristal, sobre esta soledad delirante,
Esta soledad donde me invento,
Donde tanto me gusta estar, aquí, tras el cristal,
Escribiendo tonterías, para salvarme,
Para no caer como un pájaro con alas rotas,
Para tener un lugar donde ser yo sin miedo;
Así corro, desesperado, y llueve y lloran
Los ángeles con alma de serpientes,
Cuyo cielo es también oscuridad y sangre
Y llueve, llueve, llueve
Me digo que soy Hiperión, como lo era Hörderlin,
Y Atenas arruinada se me clava en el pecho.
Diotima, rayo de luz, se desvanece y yo la sueño;
Serpiente voraz de ensueños perversos,
Dejo que me chupe la sangre,
Que me inyecte veneno dulce en los labios.
Entusiasmo repentino, abismal, me agarra el pecho
Y el pecho estalla en ráfagas de viento
En todas direcciones y yo me pierdo,
Y me pongo a jugar sin más, como un niño,
Ensimismado, inconscientemente feliz.
Más tarde la tristeza irremediable arañará mi ser
Y mis pupilas colgadas del cristal lluvioso
No verán ya nunca luz naranja,
No descansaré en paz, siempre inquieto:
Dos payasos juegan a la pelota con mi alma
Este anhelo de perder el rostro me enfrenta a los espejos en la noche y les lanzo mis ojos como espadas imposibles. Las palabras habrán de ser luminosas en la noche oscura del alma si pretenden construir un refugio.