¿qué haremos para acabar con la explotación del hombre por el hombre, su reducción a estado de cosa consumidora, encarcelada en un sistema absurdo y asesino, que otros llaman capitalismo?¿qué haremos para acabar con las horas de ocio programado, con el camino marcado?¿cómo destruir al hombre alienado?¿hay que cambiar el mundo, o la vida? las dos cosas, por supuesto. la riqueza es un poder usurpado por unos pocos para forzar a la mayoría a trabajar para ellos.
el gran Marx supo ver la necesidad de alterar las condiciones materiales. hoy sabemos que es necesario destruir también las condiciones mentales que posibilitaron ese sistema asesino, que otros llaman capitalismo, o consumismo. el consumisno es lo que considero el verdadero y nuevo fascismo, Pasolini. nuevo fascismo amparado, pues, por la televisión.
y el anarquista se despertó gritando viva el comunismo libertario.
el sueño del anarquista (o la democracia es mentira)
la democracia, esa demagogia centralizada, que produce pensamiento único e individuos unidimensionales, por mucho que se empeñen los poderosos (mentirosos) en sus virtudes: diversidad, tolerancia, etc. sigue siendo un sistema de coerción y represión, asesino de la libertad y la imaginación. ¿qué pasó con los sueños revolucionarios, dónde están las hermosas barricadas de mayo del 68? tal vez dormidos. es hora de despertarlos, destruir el estado, escupir sobre el contrato social y reconstruir al hombre, hoy pálida sombra alienada por esa nueva forma de fascismo, que otros llaman consumismo, perro guardián del capitalismo, o neoliberalismo (que poco tiene que ver con la libertad, a no ser la libertad de consumir un producto u otro, claro) el hombre, pues, ha sido reducido a cosa, a consumidor. eso sí es obsceno.
hay que cambiar el mundo, dijo Marx. hay que cambiar la vida, dijo Rimbaud. hay que cambiar las dos cosas, dijeron los surrealistas.
los conceptos anarquistas de comunidad equilibrada, democracia cara a cara, tecnología humanista y sociedad descentralizada son hoy día no tan sólo deseables, sino imprescindibles
Luis Racionero, Filosofías del Underground
mientras haya ciudadanos que estén obligados a alquilarse en el mercado de mano de obra a quienes interese emplearlos para sus negocios, mientras la función del productor esté limitada a ser utensilio subordinado, habrán elementos coercitivos y de opresión francamente escandalosos que no invitan ni mucho menos a hablar en tales condiciones de democracia, si es que tiene sentido hacerlo todavía.
Noam Chomsky
viva la revolución
anónimo