Septiembre 14, 2004

cien botellas (o la esperanza imposible, pero dichosa)

cien botellas lanzadas al mar, vacías; cien pasos que nunca daremos (¿me he vuelto loco ya?¿a qué viene el plural?). a lo lejos se extiende un reguero de sombras, ríos, coches, barcos navegando en el cemento, colillas aplastadas y hombres olvidados, oxidados, que son casi muñecos de cera en una sala de espera. la aurora envuelta en llamas de sangre, pintalabios fatal o travieso, que hila el destino de personajes que siempre morirán, flacos y pálidos, abandonados a los designios misteriosos de la materia, que dicen que se transforma, no sé. el drama empezó. no nos dieron ningún papel, eso lo sabe todo el mundo, y salimos a la mitad, confusos, medio tontos.

cien manos abiertas sin ningún mensaje, manos huecas, manchadas de tinta, con cien pájaros adentro. los pajaritos volarán lejos. algunos tienen nido y otros no: otros buscan y pintan el mundo. mientras, el mar ahoga a narciso enamorado. narciso pretendió autorrealizarse, hacer su afirmación de vida, y se olvidó del resto de la gente y se ahogó, el pobrecito tonto. y es que los espejos son crueles. hay que romper los espejos, todos los espejos; ya no nos reflejaremos en el arte, nos recrearemos continuamente, nos construiremos en él, caminando como el pájaro que se aleja y que no tiene nido, para llegar a ser lo que somos. nos inventaremos, a partir de ahora haremos como que el mundo ha estallado por fin en mil pedazos y hay que crearlo de nuevo, porque un folio en blanco es algo intolerable.

cien botellas rotas lanzadas hacia el futuro. pero no hay un futuro que nos esté esperando. hay que aceptar el devenir, el río de heráclito, donde nunca nos bañaremos dos veces ni seremos los mismos dos veces, porque ya todo cambió y perdimos el reloj ese que detiene el tiempo, tal vez en algún cajón en la memoria de la infancia, qué sé yo; el caso es que el reloj es ya irrecuperable. cómo pasa el tiempo. y estas letras se empeñan absurdamente en jugar a que detienen el tiempo. qué estúpidas son, qué ilusas. yo también juego a veces y me digo que somos libres para crearnos porque el mar borrará las huellas de la arena y le patearemos el culo al pasado y a freud. juego y me pido ser el naúfrago dichoso que lanza palabras embotelladas mientras fumo mi no sé cuantos cigarrillos y le pongo un punto final a este post, en esta tarde, en este mundo parecido a una estación de autobuses abandonada en la que un niño mira por la ventana y ve un pájaro de tinta muerto de sed y feliz. y se convierte en ese pájaro.

el pájaro vuela libre y a veces le entra el miedo. es preciso romper el cascarón, dice. el pájaro rompe el cascarón. el cascarón es el mundo. quien quiera nacer tiene que destruir un mundo. el pájaro vuela hacia dios. el dios se llama abraxas. el pajarito es también una tortuga introspectiva, una tortuga silenciosa que callejea por ahí, bajo la lluvia, con los walkman a todo volumen, tratando de convertirse en un libertino o en un místico, o en las dos cosas a la vez.

P.D: el texto en cursiva pertenece al demian, de Hermann Hesse

Posted by SeñorS at Septiembre 14, 2004 08:10 PM