Agosto 03, 2004

Al dictado de labios somnolientos

Regresemos a la literatura, ese territorio mágico, tras una pequeña, pero peligrosa, excursión por las angostas llanuras de la moralina barata. Ayer, cuando ya me dormía, una de mis voces me sacudió como un escalofrío, y tuve que levantarme a escribir. Prendí un cigarrillo y contemplé las piruetas inverosímiles del humo jugando por el aire, la ceniza parecida a un Dios apagado. Y mi mano temblorosa dibujó versos temblorosos, como quien caza un sueño, somnolientos, sin destino; sin destino, al ser yo refractario a todo proyecto calculado:

Los dedos del ensueño
Acarician ya mi espalda desnuda.
Y un sosiego como un río
Fluye lento por mi estómago,
Un rumor de cascada insomne.

-Mi cara sudada pegada a las sábanas mojadas-

Camino con pasos de agua,
Con el frescor del viento de la noche
–los labios verdes de María-
Soplando en mis párpados
Que visten los lagos desnudos, mis ojos,
Siempre enredados en abismos
Inventados,
Siempre mirando estrellas
Que se ahogan y brillan
Como un millón de sonrisas tristes

Los pájaros de hielo ya huyen y vigilan mi sueño
Y yo subo a bordo, caballo desbocado de la noche.
Mis alas nadan por el oceáno hacia nunca.
Soy ya el tranvía que viaja
Por la travesía de lo imposible.
Soy ya el viajero del Destino roto,
Cayendo de un sueño a otro.


Posted by SeñorS at Agosto 3, 2004 07:30 PM