Julio 29, 2004

Delirios Febriles by S.

Era extraño. Y hermoso. Cabalgábamos. Locos irresponsables, tarados mentales, delirantes, huyendo hacia adelante, como si un monstruo nos persiguiera. Un monstruo feo, y real, demasiado real; un sol hiriente en los ojos, un sol infame y cruel, que iluminaba nuestros rincones polvorientos, nuestros miedos atroces e irreconciliables. Los fantasmas de la oscuridad. Los que veía de niño, cuando dormía con la luz del pasillo encendida. Fantasmas. Era confuso. Todos hablábamos a la vez y no se entendía lo que decíamos, lo que queríamos decir. Todos huíamos, hacia delante, eso seguro. Pero ¿de qué huíamos? ¿hacia dónde nos dirigíamos? Nadie lo sabía. La música siempre estaba a todo volumen y pocas veces pensábamos que algún día, en un futuro próximo, la losa de la responsabilidad adulta caería sobre nuestras trastornadas cabezas de niños terribles que se creen eternos. Chupábamos algunas dulces drogas. Nos evadíamos. La realidad es fea. A evadirse, con furia, señores del jurado, con desesperación adolescente y angustias existenciales, sí. Creemos que estamos en nuestro derecho de construirnos nuestra propia identidad. Reconstruiré al hombre que soy, dijo Artaud, el alucinado Artaud. Perdimos la identidad, o nunca la tuvimos, y queremos una, porque tenemos miedo, señores del jurado, un miedo abstracto que nos ataca de vez en cuando, nos aprieta el cuello algunas noches de horizontes rotos. ¿Y qué hareis vosotros, bienpensantes, padres de familias respetables y decentes, cuando vuestros hijos se rebelen, vuestros jóvenes y prometedores hijos, convertidos en rebeldes metafísicos? Ya veo las muecas de desolación impresas en vuestros ojos incrédulos, incapaces de comprender que a veces uno necesita gritar y arrastrarse hasta el fondo, porque su meta es conquistar las estrellas y no se conforma con menos. Pisar el acelerador, salvajemente, huyendo hacia adelante.

Fiebre. Extrañas carreteras que atraviesan el desierto. Un viaje incoherente, sin destino posible, salvo quizá la muerte. No quiero ser una solterona sin valor para amar la muerte. El genial y terrible Rimbaud me acompañará. Nos emborracharemos y buscaremos la verdadera vida ausente. Violaremos a mujeres de cera en los puertos abandonados de cuentos que nadie ha contado. Lágrimas de ginebra en la noche azul. Lloraremos porque nos abandonaron y no sabemos buscarnos ni ser nosotros mismos. Sí, lloraremos con temeridad, escupiendo al viento, enfrentados al universo y a su terrible belleza que se desparrama sin piedad en rostros y calles con lunas de neón.

Posted by SeñorS at Julio 29, 2004 09:45 PM