La vida sin instrucciones de uso, señores.
La última pieza del puzzle perdida en el rincón más raro de casa.
Hoy me he despertado a las catorce horas. He ido a la piscina. Ahora escucho música y dentro de un rato prenderé un cigarrillo (mi hermana ha vuelto de canarias con varias cajas de flamantes Marlboros). Jornada estival sin nada que destacar. Cansado y extrañamente sosegado, S. se entrega en brazos de su actividad favorita: hacer el vago.
Tal vez luego vea una película de Woody Allen. Ayer terminé de leer El doble, del gran Dostoyevski. ¿Qué libro leo ahora? No sé. Encima los cabrones de la biblioteca me han vuelto a multar por entregar tarde un DVD. Un día tranquilo frente al ordenador, esa ventana eléctrica.
Los días pasan yo me quedo.
La tarde detenida, ebria de su luz derramada sobre los tejados... La tarde sonríe, como si no supiera que la boca de ballena de la noche la engullirá como a un Jonás cualquiera. La tarde dirige sus pasos hacia el vientre de la ballena.
Y yo me quedo.
Pero una ventana puede ser un mundo si uno abre bien los ojos.
Pero si nado lo suficiente alguna playa esperará al naúfrago.
P.D: Ya estoy fumándome un rico cigarrillo canario.