S. está achicharrado en su cuarto y completamente destrozado.
He ido a la piscina, he jugado al frontón y luego he ido a por mi vieja bici de cross (me ha dado por arreglarla para hacer el imbécil con ella) al crucero y he subido a la Virgen en ella (cinco o seis kilómetros, pero cuesta arriba)
Al borde de un síncope (hacía años que no desplegaba tanta actividad física). Estoy tan cansado que no acierto en las teclas, las muy cabronas se mueven como moscas tocapelotas.
¡Mierda! Mi hermano me acaba de comunicar que ha partido el manillar de la bici. ¿QUÉ? Casi desfallezco, subo la cuesta al borde de mis limitadas fuerzas físicas y ahora se parte el manillar. Oh destino cruel, hijoeputa.