Y frente al mar
voy a recordar
lo que no fue
Andrés Calamaro.
Recuerdo cuando yo era Jim Morrison y Huxley me abría las puertas de la percepción. Vi cosas que no creerías, cómo se adelgazaban las nubes, que ya no eran losas sobre mi cabeza, sino pájaros cantores o algo parecido, algo capaz de sacarme de aquí.
Recuerdo también cuando sucumbí al canto de las sirenas. No quise atarme al mástil. ¿Y qué pasó luego? Eso no lo recuerdo.
Recuerdo, sin embargo, cuando era Lou Reed y la heroína era mi amante y caminaba por las calles sucias de Nueva York, demasiado muertas para soñar, como diría Dylan, otro poeta, demasiado muertas, sí, con todas las flores de los hippis marchitas, rotas.
Recuerdo una conversación con Ezra Pound en la que los dos hablamos con ideogramas chinos y descubrimos el sentido de la vida, sólo que eso no lo recuerdo, el sentido de la vida, digo. Recuerdo los ojos de loco genial que Pound se pintó en la boca, como si fuera un pintalabios corriente, y cómo besaba las nubes, la palabra nube, cuyo pasadizo llevaba a la palabra lluvia, y ésta a otras palabras, en un laberinto infinito, interconectado como una inmensa red. Hilos de Ariadna. Recuerdo haber matado al Minotauro un millón de veces en un sueño especialmente intranquilo.
Recuerdo cuando yo era un lobo estepario y entré en el teatro sólo para locos y, saben, creo que aún no he salido del todo de ese teatro. Hable con aquel negro sobre Jazz, aunque yo no tengo ni las más remota idea sobre Jazz, pero igualmente le dije que yo era Charlie Parker y que por favor se callara de una vez, porque no tenía ni puta idea de qué estaba diciendo, y que yo era el mejor saxofonista que había pisado la tierra jamás.
Lo recuerdo, tal vez lo leí de pequeño, alguna noche fría de mi infancia, con una linterna, en algún desván misterioso, que tal vez nunca existió. Eso no importa, yo lo recuerdo, porque la memoria imagina cosas y si vas a decirme que no son reales mejor que te largues de aquí y no vuelvas nunca, porque no tienes ni puta idea.
Recuerdo muchas más biografías soñadas, muchos países de enanos, de gigantes, muchos cabarets elegantes y tristes, muchas sirenas que nadaban en charcos en las calles grises y como cansadas de alguna ciudad que alguien se inventó. Recuerdo también canciones y que yo viví dentro de ellas. Por ejemplo Not Dark Yet, de Dylan. Recuerdo haber sido amante de la melancolía, que nació de la costilla de ese verso francés, una tristeza erótica, pero no recuerdo quien dijo ese verso. Recuerdo que las mujeres de los versos no existen, pero que nos pueden matar igualmente porque su mirada es un puñal. Y su poder diabólico, de nínfulas perpetuas. Lolitas de papel, luces de mis vidas, fuegos de mis entrañas. Recuerdo que mi vida fue una estrella que caía, una road-movie en busca de algo. Y Panero dijo mi vida fue una larga borrachera. Mi vida fue un largo delirio y una payasada, y me divertí llorando con las gaviotas. Recuerdo que mi vida fueron recuerdos inventados, como cualquier otra biografía.
P.D: Me he permitido robar el título a Vila-Matas (primera antología personal)
Recuerdo haber siempre pensado que la propia vida no existe por sí misma, pues si no se narra, si no se cuenta, esa vida es apenas algo que transcurre, pero nada más