Julio 19, 2004

Deambulando por los hilos del lenguaje

Es difícil escribir sobre algunas cosas. Al contar lo que te ha sucedido lo dramatizas en exceso o le quitas importancia, exageras lo insignificante u omites lo principal.
Sylvia Plath. Diarios,

Mordidos por los perros del amanecer, casi enteros, regresamos a casa, a la tienda de campaña, tras volar con el ángel maldito, sorber su estela de polvo blanco sobre una cartera de cuero. Dormir dos horas y despertarse siendo un híbrido entre ser humano y zombi y luego un viaje interminable en el que se confundían la vigilia y el sueño. Las ojeras le dicen al sol que te den por el culo, invento infame.

Y ya aprendí que las resacas sin televisor y sin sofá son castigos y no volveré a renegar del confort, si es que alguna vez lo hice. Aprendí que mi corazón no es aventurero y que si late lo hace a los acordes del surrealismo de la desesperanza, las mismas notas que movían el de Alejandra Pizarnik.

Gustoso de llamarme dandy de la nada frente al espejo, es decir, frente al folio en blanco, muriendo en cada frase, resucitando cuando escucho a Marguerite Duras decir ya que uno está perdido y ya no tiene nada que escribir, que perder, uno escribe. Y luego, cuando ya casi me duermo, cobijados en la oscuridad, me susurra: un libro abierto también es la noche. Y luego, en sueños: la escritura es lo desconocido. Antes de escribir no sabemos nada de lo que vamos a escribir. Y con total lucidez.

No sabemos lo que vamos a escribir hasta que lo escribimos. Ya ven, yo iba a marcarme un relato muy underground, en plan escritor posmoderno supercool, sobre la experiencia de Tapia (aunque sólo estuve tres días), pero aquí estoy, vagabundeando por los párrafos como una culebra adicta al crack, hablando de nada otra vez, agarrándome a las palabras, que son ya el último bote para el naúfrago feliz que lleva mi nombre y dice que soy yo (aunque yo soy muy mentiroso)

Lo cierto es que a veces soy un cascarón vacío y me aburre el espectáculo del mundo y otras veces encuentro fascinante cómo el humo de un cigarrillo hace piruetas inverosímiles en el aire. Ciclotímico egomaniaco, a veces sólo quiero escribir y fumar y estar solo y otras veces sólo quiero emborracharme y hablar. Sometimes I feel so happy; sometimes I feel so sad, como canta Lou Reed, ese poeta que también canta (S. se desnuda de sus máscaras, aprecien el ejercicio de punkismo sentimental de este último párrafo, ya que S. considera que un escritor es un hombre al filo de la existencia. Wittgenstein dijo que un hombre no forma parte del mundo, es el límite del mundo; y Wittgenstein era muy listo)

Qué curioso que los niños crean que nadie les ve si se tapan los ojos. En cierto modo, todos lo seguimos creyendo (se me acaba de ocurrir)

P.D.: Acepto toda clase de críticas sobre mi forma de escribir. Puedes decirme que un caracol babeando sobre mi chándal escribiría mejor (esto me pasó de verdad, un caracol dibujó un bonito sendero en mi pantalón mientras hacíamos botellón en Ribadeo) o si no te gusta la literatura también puedes decírmelo, aunque por supesto no te haré ni caso, yo seguiré deambulando por los hilos del lenguaje

Posted by SeñorS at Julio 19, 2004 08:51 PM