S. se consume como un cigarrillo olvidado, ociosamente abandonado a su vacío existencial y a su delirio autorreferencial, que va tomando el rumbo de un teatro vacío, sin actores, sin drama, sin nada. La tragedia del no-rumbo, el tiempo detenido del melancólico. Los personajes ya sólo fuman y fuman y miran el horizonte. Danza de miradas perdidas. Escritura fragmentada.
Se escenifica aquí el nihilismo masturbatorio. No vale nada. Es gratis. Pasen y vean, aunque lo cierto es que no hay mucho que ver. Estas palabras salen de la garganta del aburrimiento. S. prende un cigarrillo y piensa: el problema de la libertad es que uno no sabe muy bien qué hacer con ella. Si digo soy libre me veo frente al mar, mirando y nada más. Las olas se persiguen. El mar es un espejo que dice existir y nada más.
Hay dos formas de afrontar el absurdo: la angustia y el humor. La primera provoca ilusión de profundidad. La segunda de lo contrario, de alejamiento, de desapego, del mundo como burla, como farsa esperpéntica. Ambas son necesarias. Cual equilibrista ebrio yo vasculo de una a otra por la cuerda floja tejida a lo largo de la existencia, de los días y las noches.
Este teatro deshabitado por vacaciones, silencioso.
Mañana o pasado me voy a Tapia de Casariego.
Ayer se me ocurrió decir esto de un personaje: tenía los ojos más grandes que los pies, pero nunca miraba por dónde pisaba.
Posted by SeñorS at Julio 12, 2004 09:34 PM