-Yo para ser feliz quiero un camión
-¿Qué?
-Vamos, S., ¿qué hacemos hoy?
-Nada, es sábado, mirar la pantalla tratando de escribir con el poder de la mente, ver el dvd de las Pistolas Sexuales, tomar una cocacola, fumar un cigarrillo, de nuevo cocacola más cigarrillo, escuchar a Alaska cantar yo para ser feliz quiero un camión...
-Vaya, Alaska, te ha entrado la vena absurda; escuchemos los grandes planes de S. para un sábado más o menos resacoso.
-Tal vez luego busque la cinta de los Pitufos Maquineros, aunque estará perdida, ajena al continuo espacio-tiempo.
-Genial, luego escuchamos Lo+Duro 5, vemos Barbarella (podreis destruir el mundo, pero jamás acabareis con el rayo positrónico), merendamos un bocadillo de bacon con queso, salchichas, mayonesa y ketchup, no te jode
-No suena mal.
-¿No suena mal? S. te estás echando a perder, cualquier día, cualquier cualquier día te veo organizando maratones para ver la saga de Asgard y la saga de Poseidón de Caballeros del Zodiaco, todos vestidos de Dar Vather (sin venir a cuento) diciendo no te ofusques con el terror tecnológico que has creado, su poder no es nada comparado con el poder de la Fuerza
-Jeje, se sale, ¿cuándo lo hacemos?
-No sé, tenemos exámenes, no podemos perder el tiempo inventando absurdos modos de perder el tiempo.
-Ya, y hoy qué estamos haciendo, listo.
-S. S.... estamos tomándonos un descanso (recordar Friends)
-Si yo soy S. ¿tú quién eres?
-Tu álter ego cibernético, tu excusa para hablar solo, nací de la idea del cerebro del señor S., o sea, del tuyo, de hablar contigo como si fuera una persona (mi cerebro, el de S., que soy yo) diferente de ti (¿de mí?), siendo, a la vez, tú mismo (yo es otro, Rimbaud)
-Entiendo (risas enlatadas), eres el sustituto de mi cerebro. (veáse Conversación Intima)
-Más o menos, pero mi cerebro es independiente del tuyo, soy una persona entera, con mis sentimientos, mis gustos musicales, mis odios irracionales. Aunque no tengo cuerpo, habito en el espacio infinito y callado del ciberespacio, donde no hay espacio, donde allí no hay el allí
-y una mierda, habitas en mi mente ¿Cómo te llamas?
-Que yo sepa no me llamo. Tendrás que darme un nombre. ¿Mente o cerebro, S.? Piénsalo
-A ver, deja que piense... ya está, te llamarás Holden.
-¿Caufield?
-Para no ser yo, lo has adivinado muy pronto.
-Soy telépata.
-Ah, ¿qué más cosas eres?
-Yo no soy, y muchos menos soy cosas.
-Hasta la vista.
-S., pareces imbécil, nunca podrás verme.
-Contesta como es debido o te destruyo, yo te he creado, un respeto.
-Tienes complejo de inferioridad porque no eres Dios, a mí no me engañas.
-Se acabó, ya no hablas más, ésta es mi última palabra.
-Tu última palabra es precisamente la palabra palabra y no la palabra ésta