(Textos escritos siguiendo las instrucciones de los surrealistas para sacar a flote el inconsciente)
Tras la ventana abierta un hombre vomitaba palomas de su pecho abierto. Los niños se horrorizaban y todos creyeron que las palomas eran feas y nunca más fueron palomas de la paz.
Era la noche más fría del mundo. Su nocturnidad era hielo y atravesaba los corazones vacíos, los silencios que recorrían las calles desiertas. Era la noche más fría del mundo, la única noche del fin del mundo. La última gota de luz se extinguió. Los niños tenían miedo. Todos los hombres eran niños, porque ya no tenían pasado. Sí, la noche más fría del mundo. Un loco gritaba Dios ha muerto ya del todo, pasó un siglo convaleciente y hoy celebramos su muerte con lágrimas en lugar de risas. ¿Qué ha pasado? Debería ser la mejor noche del mundo, la más fría, el Apocalipsis, nuestros delirios findelmunditas confirmados por fin. Y sin embargo... Debería ser alegría y no lo es y no sabemos qué demonios ha pasado. Estamos solos. Solos en la noche más fría del mundo. No sé qué pasó. Solos en la noche más fría del findelmundo.
Llueve, parece que nunca ha dejado de llover. Fragmentos de nadie, esparcidos en gris, y sonrisas talladas con olor a tierra mojada deshacen mi esqueleto. La risa, de pronto, deja de ser hueca, se rellena con el ruido de la lluvia: insistente, sordo, lejano. Las niñas, tal vez, se vistan de todos los colores, porque sus ojos de lluvia detienen la tarde alegremente melancólica.
Llueve, y parece que el mundo fue construido para que lloviera en su costado inverosímil. Es una lluvia delgada y triste, como la chica que se viste de negro y cuyas manos, dibujadas a lápiz, son muy blancas y muy ausentes. Parece que la lluvia llama a la ventana con un mensaje en sus labios deshechos.
Es mi lluvia, himno existencial, refugio de sueños de hombres libres, licor de hierbas.
Y mi única esperanza una mirada acuática.
Poética ebria
Ojos que no miran
miradas de hielo
barcos perdidos
y la chica que te gusta
vomitando en el baño
Irrealidad
y cerveza
soledad
y tristeza
horizonte de nada
Y unas cuantas frases despeinados:
Alguien le puso azúcar a mi sueño. Yo soñaba con la destrucción y el caos.
He aquí al monstruo. Su nombre: hastío.
La princesa de un cuento dijo: Sergio. Entonces yo dije: Tristeza.
Alguien rueda mi vida a cámara lenta.
¿Qué quieres ser de mayor? Sólo quiero ser un poeta ebrio.