Nuevas mañanas, idénticas estrategias

El día comienza impregnado en una luz fría y nítida y cristalina que cae oblicuamente sobre las ramas desnudas de los árboles y sobre los tejados y también sobre las antenas inmóviles de televisión y todo es serenidad y quietud y lucidez fantasmales y lo observo todo desde aquí sintiéndome a ratos un extraterrestre perdido en este mundo y a ratos fundido en un abrazo místico con este mundo, abolida la distancia que nos separa de las cosas, esa brecha invisible, esa herida indolora y permanente, esa extraña escisión que divide la conciencia y el mundo, el pensamiento interior de los sucesos externos, y acaso también hay una brecha que nos separa de nosotros mismos y acaso esa brecha sea el tiempo, que transforma los recuerdos de uno en los de otro.

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