Espíritu alciónico Vs. espíritu de la pesadez

No es del todo improbable que un montón de exaltadas lecturas de Nietzsche te dejen un pelín desquiciado y al borde de abrir la ventana para gritar cosas como pues yo te amo, oh eternidad, tal como se dice reiteradamente en Los siete sellos: o la canción “sí y amén”, en la tercera parte de Zaratustra, libro que, según Nietzsche, fue el regalo más grande que la humanidad haya recibido jamás, y concretamente en la canción sí y amén dice que voló miles de millas más allá de todo lo que hasta ahora se había llamado poesía. Deleuze, el último gran filósofo que ha habido en el mundo, decía que quien no lee a Nietzsche riéndose a menudo es que no entiende nada. Lo suscribimos. El enemigo de Nietzsche fue el espíritu de la pesadez. La vida de Nietzsche, solitaria, llena de sufrimiento a causa de sus enfermedades, podría haberle llevado, precisamente, a condenar la vida, a juzgarla y hallarla culpable. Sin embargo, sucede a la inversa. Nada más necesario que la jovialidad, que la ligereza, que el decir sí a la vida. El espíritu alciónico recorre todo el Zaratustra. Hay que escucharlo con atención.

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