Dios bendiga la biblioteca pública (y, de paso, que aumente su presupuesto)

Algunos libros leídos este año -o en proceso de ser leídos- que el Señor S. quiere difundir… Aquí no hacemos crítica cultural ni reseñas ni nada que se le parezca, opinamos sin fundamento y ya:

-Mamá, Joyce Carol Oates.

Me encanta Oates. Le tenían que haber dado el premio nobel.

-Peter Camenzind, Herman Hesse.

Yo leo todo lo que escriba Hesse. Si publican las listas de la compra que escribía Hesse me las leeré también.

-Más allá del bien y del mal, Friedrich Nietzsche.

Si admitimos que la verdad es una mujer, ¿no se ve entonces justificada la sospecha de que todos los filósofos, en tanto estos han sido dogmáticos, han entendido muy poco de mujeres?

-Werther, Goethe.

Releído cabalmente como una crítica de la pasión pura, no como una invitación al suicidio

-Fin de partida, Samuel Beckett.

Releído no cabalmente como pesadilla nihilista y con una expresión que ora sonríe, ora se trueca mueca de terror.

-El  Libro del Filósofo, Friedich Nietzsche.

Especialmente relevante para comprender a Nietzsche me parece su concepción del lenguaje, que aquí expone.

-Nietzsche, la experiencia dionisiaca del mundo, Diego Sánchez Meca.

Buena panorámica del pensamiento del bigotudo solitario

-Las consolaciones de la Filosofía, Alain de Botton.

Sencillo, accesible, se lee rápido. Diría, si se me disculpa la ironía, que es para el populacho vulgar… no, que está bien.

-La destrucción o el amor, Vicente Aleixandre.

Este tío ganó el nobel, pero escribe muy bien. Gran poeta.

-El libro de Lilit, Guadalupe Granada.

Poemario premiado por algún ayuntamiento o algo así. Se lee en hora y media. Lilit fue la primera mujer. Fue rebelde, fue maldita, roba semen y tiene montones de hijos melancólicos.

-Puntos Cardinales, Jenaro Talens.

Más poesía. Está muy bien, pero lo tengo a la mitad porque a mí me cansa más leer poesía que escribirla, cosa que creo le sucede a todo el mundo. Leer poesía es más difícil que escribirla. Eso debería hacernos reflexionar. Quizá debería hacernos leer más y escribir menos, no sé.

-Nietzsche en sus obras, Lou Andreas-Salomé.

Sí, más Nietzsche. Salomé conoció a Nietzsche, éste se enamoró de ella, cosa que, al parecer, le pasaba a todo el mundo, pero ella le rechazó. También es verdad que a Nietzsche se le iba la pinza y la segunda vez que veía a una mujer le pedía matrimonio.

-La fuerza de existir: manifiesto hedonista, Michel Onfray.

No me gusta Onfray. Es así, no tengo nada más que decir. Es un buen tío, es antiplatónico, anticristiano, en fin, cosas que en principio deberían predisponerme  a su favor, pero no me gusta

-Vineland, Thomas Pynchon.

Es como la tercera vez que empiezo a leer esta novela. Esta vez la termino.

PD: lo de poner fragmentos ya para otro día, que tengo que cenar y meditar sobre la imposibilidad de realizar mis deseos de invarianza ambiental: no pude sentarme en el mismo sitio de la biblioteca, ni en el mismo sitio del autobús; la caprichosa fortuna frustra constantemente mi manía de comportarme según rutinas extremadamente rígidas. Pero, en fin, qué se le va a hacer.

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