Vargas Llosa y la ideología

Dice Vargas Llosa en su discurso del nobel: defendamos la democracia liberal.

A mí me parece que para defender la democracia habría que atacar al régimen liberal-capitalista que por alguna extraña razón denominamos democracia, ya que, al igual que los totalitarismos que tanto detesta, con razón, Vargas Llosa, lo que pretende la ofensiva liberal es, ni más ni menos, cargarse el espacio de lo público, el espacio del entre, como diría Hannah Arendt.

Las democracia liberales habría que denominarlas, para aclarar las cosas, regímenes liberal-capitalistas, dominados por las fuerzas de ocupación de la publicidad y el espectáculo, en los que la negatividad no adquiere expresión política -ya que el sujeto consumista debe estar perfectamente aislado y frustrado- sino que se expresa en forma de neurosis, ansiedad, depresión y resignación. La subjetidad producida por los regímenes liberal-capitalistas debe ser lo más abstracta posible, no debe tener un mundo, debe consumir signos de los mundos que vende la publicidad.

Lo curioso es que Vargas Llosa dice, a la vez, que hay que estar en contra de las ideologías y que hay que defender la democracia liberal. Cualquiera pensaría que las democracias liberales son ajenas a los mecanismos ideológicos, si pensar tal cosa no fuera una estupidez estratosférica, claro está. De hecho, la ideología funciona cuando es invisible. Pero, ¿no se ve hoy claramente que la democracia liberal es la forma política del capitalismo?, ¿no se ve que el poder está en el mercado? Pocas cosas más evidentes. Aunque Vargas Llosa no quiera verlo. Su cuento sobre lo que significa la democracia liberal -pluralismo, convivencia, tolerancia- es muy bonito, pero es ideología en estado puro.

Que se lo haga mirar.

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